Los padres saben que sus hijos recibirán una sólida formación académica, humana y cristiana

Escuela técnica Nocedal
Avenida La Primavera Nº 03187.
Paradero 41 ½ de Santa Rosa
http://www.nocedal.cl

En una de las comunas más pobres de Santiago de Chile, 500 niños reciben educación escolar de primer nivel. Con entusiasmo y profesionalismo, los profesores, padres y alumnos buscan derrotar el círculo vicioso de la pobreza. Desde la puesta en marcha del centro, han pasado cuatro años. Los primeros resultados ya se advierten, pero todavía queda mucho por hacer y soñar.

La tortilla corredora fue finalmente devorada. Cuando llegó al río se dio cuenta que no lo podría cruzar, porque se iba a deshacer. El zorro fue más astuto, se ofreció a trasladarla en su hocico y se la tragó. Su final no es muy alegre, pero “La Tortilla Corredora” es el best seller de los alumnos de primero básico de Nocedal. En quinto básico, en cambio, es “La Isla del Tesoro” el libro que encabeza la lista. Nocedal se encuentra en La Pintana, una de las comunas con peores índices sociales de Santiago de Chile, pero sus alumnos son buenos lectores. De hecho, existe una sana competencia entre ellos en este campo. Leen entre 15 y 20 libros al año.

Nocedal comenzó a funcionar en marzo de 1996. En la actualidad, la matrícula asciende a 500 estudiantes, distribuidos entre primero y octavo básico. Cada año aumenta la demanda para ingresar al colegio. “Llegan tres o cuatro personas por cupo”, dice el director, Manuel Dannemann, quien cree que entre los factores que explican esta demanda se encuentran la mayor cantidad de horas de clases, la infraestructura, el respeto que existe hacia los padres y los incentivos profesionales para los profesores.

Los orígenes del proyecto se remontan a 1993. Un grupo de profesionales chilenos, preocupados por dar una enseñanza de mejor calidad en los sectores más desposeídos, creó la Fundación de Educación Nocedal. El objetivo inmediato era erigir un centro de formación técnica en una zona de vulnerabilidad social, económica y cultural. Tras varios análisis, escogieron La Pintana. Aquí se concentra uno de los mayores índices de pobreza del país. En las calles rezuma la miseria, con su triste reata de secuelas: droga, alcohol y delincuencia. Las casas son de material ligero y muy estrechas, y la gente vive hacinada. Por eso la calle es un lugar atractivo para la mayoría de los niños.

De los 44 alumnos que ingresaron a 2º básico en marzo de 1996, 22 no sabían leer ni escribir. En agosto ya sólo eran 6. En 3º básico entraron 56, de los que 23 no sabían sumar. Estas cifras se redujeron a cero al final del año.

A fines de noviembre de 1995, se compró un terreno de siete hectáreas en la población Jorge Alessandri, más conocida como “El Castillo”, y de inmediato comenzó la construcción. Los primeros edificios se terminaron justo para el inicio de las clases, en marzo de 1996. Al poco tiempo se sumaron una multicancha, una cancha de fútbol y otra de tenis, con sus correspondientes camarines. Al momento de iniciar su quinto año de funcionamiento se contaba también con un nuevo edificio de tres pisos, en donde se encuentran los talleres, laboratorios y salas de computación y audiovisuales; y con un comedor, una pista de atletismo y una capilla.

Durante los primeros ocho años de la enseñanza básica, los alumnos reciben una formación científico-humanista, común a cualquier otro colegio, pero además tienen una serie de ramos técnicos y talleres prácticos que los preparan para la enseñanza técnica. Durante la enseñanza media, el colegio desarrolla un moderno plan de estudios con el fin de formar a sus alumnos en el campo de la electrónica y las telecomunicaciones.

Hemos aprendido

El director de Nocedal explica que durante el primer semestre de 1996 advirtieron que muchos estudiantes presentaban dificultades muy serias en lectura, escritura y matemáticas. De los 44 alumnos que ingresaron a 2º básico en marzo de 1996, 22 no sabían leer ni escribir. En agosto ya sólo eran 6. En 3º básico entraron 56, de los que 23 no sabían sumar. Estas cifras se redujeron a cero al final del año.

Pero los niños no son los únicos que aprenden en Nocedal. Karla, con un hijo en 5º y otro en 6º, cuenta que el mayor le enseñó a dividir. Alejandra menciona que ahora sabe más historia.

“Me gusta ayudarlo cuando hace las tareas y ahí aprovecho de ver las carpetas que le mandan de la escuela”.

Un amplio porcentaje de los padres y apoderados de Nocedal no terminaron la educación escolar. El promedio es 6º básico.

“Yo llegué hasta octavo básico, igual que mi marido. Sacó el primer lugar del curso, pero no pudo continuar sus estudios, porque tuvo que empezar a trabajar para ayudar económicamente a su familia”, menciona Karla.

Los padres saben que sus hijos recibirán una sólida formación académica, humana y cristiana. A petición de los promotores de Nocedal, la Prelatura del Opus Dei colabora en la formación doctrinal y espiritual que se imparte en el colegio.

“Nos entusiasmó que los niños estuvieran todo el día en clases y no perdieran el tiempo en la casa o en la calle. También, nos pareció bueno que deban estudiar más”, dice Esperanza. Ella es madre del 6º básico y delegada de padres del centro.

Los padres valoran especialmente que los alumnos puedan cursar ramos técnico-profesionales durante la enseñanza media. Además a los niños les ilusiona salir con más herramientas para enfrentar el mundo laboral.

“A ellos no les gusta que falte plata en la casa y quisieran trabajar lo más pronto posible para conseguirlo”, explica la señora Esperanza. “Ésta es la mejor alternativa que tenemos. Para nosotros solos es muy difícil conseguir que lleguen a ser profesionales”, añade Karla.

Si bien todavía falta un tiempo para que los estudiantes empiecen los ramos técnicos, a lo largo de la enseñanza básica ya han recibido nociones de electricidad y electrónica. “Además, los fines de semana ofrecemos talleres electivos en estas áreas. Han tenido buena recepción. Por ejemplo, varios alumnos ya saben arreglar un horno microondas, mantener y limpiar un computador y realizar conexiones e instalaciones eléctricas. Para muchos, estos conocimientos significan una pequeña fuente de ingresos”, comenta Manuel Dannemann.

Estos cursos entusiasmaron a los papás. “Un día, uno me preguntó que cuándo iba a abrirse la escuela para ellos, porque querían saber igual que sus hijos. Si bien todavía no podemos impartir enseñanza vespertina, se estudia un proyecto para ellos. Aquí la gente sueña a lo grande. El papá de Alvaro me dijo lo contento que estaban con el colegio. ¡Cómo ha aprendido mi hijo! ¡Qué buena infraestructura! ¿Y cuándo va a llegar la universidad?”.

Los días sábados también hay otras actividades.

“Los niños pueden participar en las academias (instrumentos musicales y tecnología, entre otras) y jugar fútbol, voleibol, atletismo, tenis y basketball, que han tenido mucha demanda, y se dan facilidades para que se queden tres días después de clases para practicar el deporte que quieran”.

La amplia oferta extraprogramática y la extensa jornada escolar (de las 8:30 a las 16:55) permiten mantener ocupados a los niños.

“La mayor parte de nuestros alumnos vuelven a su casa y no hay nadie. Queremos ayudar a las familias. Por eso, tratamos que sus hijos permanezcan solos lo menos posible, que no pierdan el tiempo en la calle o con la televisión”.


Tiempo para pensar

Con trazo firme y decidido el profesor de lectura y escritura Ñancupil Painemal marca en el pizarrón la sílaba “pa”. Gira hacia su público. Alrededor de 35 alumnos de primero básico observan concentrados. Con voz fuerte y amable dice: “Así se escribe en el libro y así lo escribe el niño”.

Painemal está contento de su sistema de trabajo. En Nocedal, los profesores durante el día no sólo se dedican a impartir clases. También tienen tiempo para prepararlas con calma e investigar. “Somos seres humanos que necesitamos pensar”, agrega.

Por su parte, Héctor Canquil enseña matemáticas y castellano. “Llegué en marzo de 1996 y desde el principio me entusiasmó este proyecto. Me gustó que tuviéramos la posibilidad de aprender a distribuir bien el tiempo para estudiar. Incluso, en mi casa hablé tanto del colegio que con mi señora decidimos matricular acá a nuestros hijos”.

Painemal afirma que en Nocedal “los niños y los profesores trabajamos contentos. En mi caso personal, como mapuche, en otros sitios me había sentido discriminado. Aquí, en cambio, desde el primer momento me sentí en una familia. Los cumpleaños de los colegas se celebran y existe interés por los problemas y satisfacciones de los demás. Aquí se comparte”.

Manuel Dannemann explica que con frecuencia se llama a conversar a los padres. En estas entrevistas se analizan los progresos y los problemas de sus hijos. Así, se les hace participar en el proceso educativo y se logra que expongan sus inquietudes y que se comprometan cada día más con el colegio. “Es notable cómo cooperan con nosotros, en todos los aspectos, desde la compra de las cortinas de las salas hasta la organización de actividades”. Además se advierte que las familias se sienten apoyadas. “A pesar de las dificultades —privación social, económica y cultural— se sienten seguros, porque saben que acá cuentan con una orientación clara”, afirma Ñancupil Painemal. “Saben que se exige, pero también que se entrega bastante. Nosotros queremos hacer algo para cambiar la sociedad. Hay que mejorarla y son los niños quienes lo van a hacer”. En algunas ocasiones se han acercado a pedir consejos en materias que no se relacionan directamente con el colegio. “Hay mucho maltrato familiar. Además de conocer el problema, debo entregar una respuesta adecuada. A esas mamás, les digo que siempre existe un camino”.

Estudios y encargos

La campana de Nocedal suena, para el comienzo de las clases, a las 8:30 de la mañana. Pero a esa hora la mayoría de los alumnos ya lleva bastante tiempo en el colegio. Algunos aprovechan para jugar con los amigos y otros para cumplir sus encargos, como revisar la temperatura del acuario. Jorge Eduardo explica que hay que levantarse muy temprano.

“A las 8:10 se revisa el agua. No tiene que pasarse del color amarillo, si no los peces quedan cocinados”.

Antes de que termine el toque de campana todos los alumnos se encuentran formados. “¡Buenos días profesor!”. Comienzan las clases con la revisión de las tareas. Jorge Eduardo dice que les ponen demasiadas. “En el último invierno, casi no tuvimos ninguna vacación”. Pero son quejas matizadas. “Me gustan los trabajos. Cuando llegué al colegio no leía bien y tenía mala letra. Mejoré, porque me esforcé”.

A Luis le costaban las ciencias naturales. “Estudiaba poco. Ahora me va mejor”. Juan Pablo añade que los profesores se preocupan de que todos aprendan. “Cuando la clase se pone fome [aburrida], le ponen más color”.

—¿Cómo es tu colegio?
—¡Bonito!, responde un niño de primero básico.

Juan Pablo se detiene también a explicar las actividades extraprogramáticas. Él participa en el invernadero. “Plantamos y regamos tomates, lechugas, ajos, frambuesas, frutillas, zanahorias… A un compañero una vez se le cayeron unas vitaminas y salió una zanahoria monstruosa”.

Una de las actividades más originales del colegio fue poner al aire “Radio Nocedal. 107.3 F.M.”. Esta estación radial es un servicio a la comunidad. Tiene potencial para llegar a 55 mil personas. Manuel Dannemann explica que transmiten al mediodía y en la noche. “La idea es acompañar a la familia, en especial a la mamá que prepara el almuerzo. La programación es sencilla: efemérides, saludos, música y programas de conversación. En estos últimos se habla sobre las virtudes que deben existir en el hogar y se ofrecen criterios para educar a los hijos, entre otras cosas”.


Virtudes y piedad

Junto con la enseñanza profesional, académica y humana, la formación religiosa ha sido un elemento importante para los alumnos, padres y profesores. La atención sacerdotal de la escuela se encomendó a sacerdotes de la Prelatura del Opus Dei. En Nocedal se busca cultivar una vida con virtudes y una piedad profunda.

Los padres advirtieron de inmediato que sus hijos rezaban más, y ellos mismos empezaron también a dirigirse a Dios, con sencillez y naturalidad, a veces después de mucho tiempo de no hacerlo.

—¿Qué opinan de la formación católica que reciben sus hijos en Nocedal?
— ¡Se saben todas las oraciones! Germaín antes de acostarse reza tres Padrenuestros y tres Avemarías
, comenta Karla.

Alejandra explica que su hijo, Danilo, le ayuda a aprenderse las oraciones. “Enséñame el Credo, le dije un día“.

En el colegio, una vez a la semana hay clases de catecismo para los que van a hacer la Primera Comunión. Karla manda a sus hijos todos los sábados a las once de la mañana. “Además, cada dos semanas el padre Max da una charla a los papás. Germaín siempre me la recuerda. ¡Mamá, tiene charla!“.

De forma natural comenzó a germinar la devoción a san Josemaría, fundador del Opus Dei. El 26 de junio de 1999 fue la primera vez que el colegio organizó en forma pública una misa en honor de san Josemaría. Se celebró en el Santuario Sagrado Corazón de Jesús. “Mucha gente asistió a la ceremonia y llamó la atención la corrección y piedad con que la siguieron. El coro del colegio estuvo impecable. A la salida muchas familias se llevaron estampas y se inscribieron para recibir la hoja informativa”, recuerda Manuel Dannemann.

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